¿Serán exterminados los inicuos en el infierno?

Esta pregunta trata del destino final de los inicuos; ¿será una aniquilación o sufrimiento real y consiente? 

Nos hicieron esta pregunta: “¿Por qué creen ustedes, los de la Iglesia de Cristo, que los que mueren sin Dios serán castigados de una forma real y serán consientes de tal castigo si la Biblia dice que serán destruidos (Mat. 10:28)?” 

Esta pregunta es claramente hecha por un “condicionalista.”
Un condicionalista es alguien que cree que en algún punto después de la muerte, los que murieron sin conocer a Dios serán aniquilados, en otras palabras, dejarán de existir. Esta es una enseñanza o dogma de los adventistas del séptimo día, los “testigos de Jehová” y otros religiosos errados. 

En uno de sus discursos Jesús declaró:
y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mat. 10:28 RV60). 

La palabra griega para “destruir” es apolesai, que se deriva de la forma verbal apollumi. Este verbo ocurre  90 veces, y como sustantivo 18 veces. Yo no conozco ninguna traducción de buena reputación en Español que traduzca este término  en ninguna parte como “dejar de existir.” 
De hecho es traducida a palabra españolas comunes como: “perecer,” “destruir,” “perder,” o “perdido.” 

El término es empleado en artefactos físicos que pierden su uso. Un odre que se rompe y que ya no sirve, se dice que se “pierde” (Lc. 5:37). Una oveja que se pierde de la seguridad del rebaño se describe como “perdida” (Lc. 15: 4,6), en otras palabras, está separada del pastor. 

El caprichoso hijo prodigo estaba “perdido” para su padre (Lc. 15:24), aunque ciertamente no había sido aniquilado. 

De la comida temporal se dice que “perece” (Jn. 6:27). Cuando los discípulos estaban amedrentados por ahogarse en una tormenta en el mar de Galilea, despertaron al durmiente Señor, y exclamaron: “…perecemos,” empleando la forma en presente simple de apollumi (Mat. 8:25). Es claro que no estaban diciendo: “Señor, estamos en el proceso de dejar de existir.” 

Concerniente a apollumi, W.E. Vine comenta: “La idea no es extinción sino ruina, pérdida, no de dejar de existir, sino de estar bien” (Diccionario Expositivo Amplificado de las palabras del Nuevo Testamento, Iowa Falls: Publicadores mundiales de la Biblia, 1991, p. 211). 

El renombrado erudito J.H. Thayer define apollumi, con referencia a Mateo 10:28, de la siguiente forma: “Metafóricamente, devotar o dar miseria eterna” (Léxico Griego-Inglés, Edinburgh: T. &T. Clark, 1958, p. 64).

El profesor Oepke arguye que apollumi no sugiere una mera “extinción de existencia física”; más bien involucra una separación desesperada, sin esperanza y eterna de Dios (Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, Grand Rapids: Eerdmans, 1964, Vol. I, p. 396). 

De apollumi en Mateo 10:28, A.T. Robertson escribe: “Destruir, aquí no es aniquilación, sino más bien castigo eterno” (Palabras y figuras del Nuevo Testamento, Nashville: Broadman, 1930, Vol. I, p. 83). 

Creo que ya no es necesario amontonar testimonio adicional de eruditos respetados del Nuevo Testamento. 

Finalmente, las mismas Escrituras dan claramente el verdadero sentido de apollumi. En Apocalipsis 17:8,11, Juan describe a la malvada “bestia,” que se opuso a Dios, como estando en “Perdición” (apleian). 
Sin embargo, en 20:10, el mismo escritor, hablando de la misma bestia, describe su destino como alguien que será “atormentado día y noche por los siglos de los siglos.” Claramente, no está refiriéndose a una extinción final. 

La dogma “condicionalista” de aniquilación para los impíos es falsa, y los que defienden este punto de vista están irrespetando la causa de la verdad.

¿Se condenará un cristiano que comete suicidio?

“Reconocemos que el suicidio es malo, pero ¿Qué pasa con aquel joven cristiano que se quita su propia vida?” 

Trataré de responder a esto desde dos puntos de vistas diferentes. 

En primer lugar, el suicidio, de la parte de una persona responsable, es claramente un acto pecaminoso. Las Escrituras enseñan que la vida es un regalo sagrado de Dios (Hch. 17:25), y ninguna persona tiene el derecho arbitrario de destruirla, ni aun su misma vida. Judas, uno de los apóstoles del Señor, cometió suicidio (Mt. 27:5), y la Biblia claramente indica que él se murió y se perdió (Jn. 17:12), aunque incluso él sintió algo de “remordimiento” por la traición que había perpetrado (Mt. 27:3). 
No hay ningún caso de suicidio en la Biblia entera que se vea como un acto positivo. 

Algunos han tomado la posición que el suicido nunca es un acto racional; por lo tanto, cualquier persona que quita su propia vida, por la misma naturaleza del caso, no es responsable de tal hecho. 
Yo no creo que esta sea una proposición que se pueda sustentar. Nosotros no sabemos qué sucede en la mente de otra persona. 
Las personas que son perfectamente racionales, a veces hacen cosas impulsivas y drásticas de las cuales más adelante se arrepienten. 

El problema evidente con el suicidio es este: ¡Una vez hecho, no se puede deshacer! El hecho es que, hay tantos falsos puntos de vista concernientes a lo que sucede después de la muerte  que ha llevado a muchas personas a creer que no hay consecuencia por tal acto, y en vista de sus terribles circunstancias, esta “Elección” es la única que les provee de algo mejor; algún tipo de “consuelo.” 

Por otro lado, es cierto el hecho que una persona puede estar mentalmente enferma y luego, en tal estado, hacer cosas moralmente incorrectas, por las cuales no puede dar cuenta. 

Muchos de nosotros hemos visto a ancianos, o a aquellos que han sufrido daños cerebrales debido a derrames o accidentes, que hacen o dicen cosas que nunca hubieran hecho o dicho durante sus años de responsabilidad consciente. Así que, si una persona cae en un estado de enfermedad mental, en el cual ellos no pueden ejercer más, un control responsable sobre las cosas que hacen, y luego en tal estado cometen suicidio, seguramente a ellos no se les tomará en cuenta por tal conducta irracional.

Pero recordemos esto: Cada persona es responsable por sus acciones de sus momentos cuerdos hasta el momento de la pérdida de la cordura. Si antes de perder la cordura era una persona impía, tal persona será juzgada por lo que dijo o hizo en tales momentos de su vida. 

Es demasiado triste ver a nuestros jóvenes cometer suicidio. No podemos presumir saber lo que sucedía en sus mentes de tiernos muchachos, que los llevó a tal nivel de desesperación. 

Todo lo que podemos decir es esto: Si una persona es responsable para con Dios, ella tendrá que responder por sus acciones (2 Cor. 5:10); y si ha perdido la razón seguramente no será responsable. El gran juez de toda la tierra hará lo que es justo (Gen. 28:25). 
Mientras, los cristianos debemos resignarnos a estas dos cosas: 

1.Debemos enseñar el valor y santidad de la vida humana en un mundo en que  lastimosamente se le ha quitado valor. 

2.Debemos confiar en que Dios es Justo, y reconocer el hecho que no siempre tenemos que resolver los casos más difíciles en nuestras mentes. Él sabe qué hacer.

¿Abolió Jesús la Ley de Moisés?

¿Quiso decir Jesús, en el sermón del monte, que la ley de Moisés (incluido el día de reposo) duraría hasta el fin del mundo?

Alguien hizo la siguiente aseveración concerniente a un artículo nuestro llamado “¿deben los cristianos guardar el sábado?”: “Ustedes enseñan que los cristianos no están bajo la obligación de guardar el sábado en nuestra era. Si este es el caso, ¿cómo explican Mateo 5:17-18? ¿Acaso no dijo Jesús que la ley no sería destruida; sino que duraría hasta que viniera el fin del cielo y la tierra?”

En el registro de Mateo, de lo que comúnmente llamamos “El sermón del monte,” estas son las palabras registradas:
“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mt. 5:17-18). 

Frecuentemente se argumenta que si Jesús no “destruyó” la ley, entonces todavía debemos cumplirla. De igual forma, componentes como el “día de reposo” siguen estando en operación hoy en día, junto con, quizá, numerosos elementos del régimen Mosaico. Toda esta suposición está basada sobre un mal entendido de las palabras e intenciones de este pasaje bíblico.

Podemos estar seguros y afirmar que Cristo no estaba sugiriendo que la naturaleza obligatoria de la Ley de Moisés permanecería perpetuamente. Tal punto de vista se contradice con todo lo que aprendemos del registro balanceado del Nuevo Testamento. Consideremos los siguientes puntos:

1. La palabra “abrogar” es de especial significado en este estudio. Proviene del término griego kataluo, que literalmente significa “soltar” o “dejar caer.” Esta palabra es usada diez y siete veces en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, es utilizada para hablar de la destrucción de los romanos al templo judío (Mt. 26; 61; 27:40; Hch. 6:14), también es usado para describir como el cuerpo humano será deshecho en la muerte (2 Cor. 5:1). 
El término puede tener el significado ampliado de “vencer”, en otras palabras, “hacer vano, privar de éxito.” En el griego clásico era utilizado en conexión a leyes institucionales, etc., para transmitir la idea de “privar de fuerza” o “invalidar.”

2. Es de especial importancia notar como es utilizada esta palabra en Mateo 5:17. En este contexto “Abrogar” es usada como opuesta a “cumplir.” Cristo vino “…no he venido para abrogar, sino (del griego [ala] partícula adversativa) para cumplir.”

El significado es este: Jesús no vino a este mundo con el propósito de actuar como un adversario de la ley. Su meta no era frustrar el cumplimiento de la meta. Más bien Él la reverenció, la amó, la obedeció, e hizo posible su realización. 
Él cumplió las expresiones proféticas de la ley concerniente a sí mismo (Lc. 24:44). Cristo cumplió las demandas de la ley Mosaica, que pedía obediencia perfecta o sino imponía una “maldición” (ver Gal. 3:10,13). En este sentido, el diseño divino de la ley siempre tendrá un efecto permanente. Siempre cumplirá el propósito por el cual fue dada (Gal. 3:16,19; 23-25).

3. Por otro lado, si la ley de Moisés sigue teniendo la misma relación para los humanos hoy, en términos de status de permanencia, como lo fue antes que Cristo viniera, entonces no fue cumplida, y Jesús falló en lo que venía a “hacer.” Ahora, si el Señor cumplió con lo que venía a cumplir, entonces la ley tuvo ya su cumplimiento, y ya no es un régimen permanente hoy.

4. Si la ley de Moisés no fue cumplida por Cristo, y por lo tanto permanece como un sistema legal obligatorio para nuestro tiempo, entonces ésta se debe cumplir irresistiblemente en su totalidad y no solo como un régimen parcial.

Jesús, claramente dijo: ni una “jota ni una tilde” (éstas representan las marcas más pequeñas de la escritura hebrea) pasará de la ley hasta que toda se haya cumplido. Consecuentemente, entonces nada de la ley había de fallar “hasta” haber cumplido completamente su propósito. 

Unas de las suposiciones que nos escribieron fue esta: “Pero, ¿no enseña el texto que la ley duraría hasta que ‘el cielo y la tierra’ pasaran?” La respuesta es: No. Lo que sí enseña es que sería “más fácil” que el universo pasara antes que la ley de Dios dada en el A.T. cumpliera con su misión (Comp. Lc. 16:17).

Y si de todas formas, alguien contiende, en base a Mateo 5:17-18, diciendo que la Ley de Moisés es obligatoria como un régimen legal requerido para nosotros hoy – debe cumplir con toda la ley, incluyendo los sacrificios animales, viajes anuales a Jerusalén, rituales de purificación, etc. 
Como Pablo enseñó a los cristianos; Si un hombre recibe una porción de la ley [para justificarse], el tal es hecho deudor a toda la ley para cumplirla (Gal. 5:3). Toda esta es una secuencia de la lógica mal guiada de este importante texto hecha por los “sabatistas.” 

5. Además de los puntos presentados anteriormente, Pablo enseña claramente, en su carta a los Efesios, que la “ley de los mandamientos expresados en ordenanzas” fue “abolida” por la muerte de Jesús en la cruz (Ef. 2:14,15). 
El término griego para “abolida” es katargeo, literalmente sugiere la idea de reducir algo a un estado de inactividad.
Pablo utiliza este término dos veces en Romanos 7:2,6 – demostrando que así como una esposa queda “libre” de la ley de su marido cuando él muere, así también, a través de la muerte de Cristo, los hombres somos “libres” de las obligaciones de la ley Mosaica. Y que también la ley de la cual se está hablando es la ley de Moisés, e incluye también los diez mandamientos, se prueba fácilmente por la mención que hace pablo a uno de los diez mandamientos; codiciar Romanos 7:7(Compare Ex. 20:17).

La armonía entre Mateo 5:17-18, y Efesios 2:15, es esta: El propósito de la ley de Moisés nunca fue el de ser “nula;” Dios nunca diseñó la ley para que fuera inútil. Su diseño original sería perpetuo. Pero, por otra parte, como un código legal, sería abolido, siendo cancelada por la muerte sacrificial de nuestro Salvador.

Así que, considerando todos los hechos, éstos nos llevan a una sola conclusión: que Mateo 5:17 no puede enseñar, ni apoya la idea que la observancia del día de reposo es una obligación divina requerida en nuestra era.

¿Deben los cristianos guardar el sábado? Escrito por: Wayne Jackson Traducido por: Carlos Hernández, Jr.

 


En estos tiempos cuando muchos están preocupados por la deterioración de nuestras naciones, ocasionalmente nos hacen esta recomendación: “Debemos regresar a los Diez Mandamientos como nuestro código de conducta.” Aunque el motivo de tal admonición es sin duda honorable, ésta sugiere un común, aunque erróneo, concepto acerca de la naturaleza de los Diez Mandamientos. 

En primer lugar, la mayoría de nosotros (Los no-judíos) nunca hemos estado bajo el Decálogo. Los Diez Mandamientos eran parte de la ley Mosaica, y ese sistema fue dado solamente a los hebreos (Dt. 5:1-5). Eso no sugiere que los antiguos gentiles hayan estado exentos de una responsabilidad religiosa y moral; pero si significa que los no-israelitas nunca estuvieron bajo el código Mosaico en sí. 

Dicho esto, es un hecho lógico que si alguien alega la re-institución de los Diez Mandamientos, éste debe, si es consistente, contender para que los requerimientos del sábado permanezcan también. Ese punto, por supuesto, es promovido por los Adventistas del Séptimo Día y otros sabatistas, mas esto no refleja la perspectiva bíblica. En este artículo deseamos demostrar tres cosas.
Primero, la iglesia del primer siglo, dirigida por los líderes inspirados, no guardaba el sábado. 
Segundo, las características únicas del día de reposo del Antiguo Testamento demuestran que nunca fue diseñado para ser un requerimiento internacional.

Tercero, las Escrituras enseñan explícitamente que el día de reposo ha sido abolido. Estudiemos, entonces, estas líneas de pensamiento.


Práctica Cristiana del primer siglo.

Aunque alguien intente mucho, en vano buscará evidencia en el Nuevo testamento que pruebe que la iglesia primitiva haya guardado el día de reposo con la aprobación apostólica. Sí, es cierto que los apóstoles frecuentaban las sinagogas en los días de reposo con el propósito de proclamar el evangelio. Ese sería el lugar donde estaría la más grande concentración de judíos (Hch. 13:14; 17:1,2, etc.), y el mensaje concerniente a Jesús debía ser predicado primero a ellos (Rom. 1:16).
Pero ¿Donde está la evidencia que la Iglesia Primitiva, bajo la guía divina, se reunía para adorar a Dios en un día de Reposo?

(1) El reino de Cristo fue establecido en el día de Pentecostés (Hechos 2:1), que caía siempre en el “…día siguiente del séptimo día de Reposo” (Lev. 23:15-16), lo cual era un domingo. Así que la iglesia empezó a reunirse para adorar en el primer día de la semana (Hechos 2:42). 

(2) Los discípulos en Troas estaban “reunidos” [voz pasiva] en el “primer día de la semana” para partir el pan, en otras palabras, para adorar, (Hechos 20:7). El día específico de reunión no se dio por accidente. Aunque Pablo estaba ansioso por llegar a Jerusalén (20:16), él esperó siete días para tener la oportunidad de reunirse con la iglesia.
Más aun, la voz pasiva (vea arriba) indica que la reunión era mandada por alguien más que solo los discípulos; fue una iniciativa divina.

(3) Los santos en Corinto se estaban reuniendo, y ofrendando para el Tesoro de la iglesia, “… cada primer día de la semana” (1 Cor. 16:2 – Texto Griego; Compare. NASB).

(4) En la isla de Patmos, Juan estaba “en el espíritu” en “el día del Señor” (Ap. 1:10). El término griego de donde se traduce “del Señor” es kupiakos, que se define como “perteneciente al Señor”. Thayer comenta: “… el día de devoción al Señor, sagrado a la memoria de la resurrección de Cristo” (365).

Las narraciones de los evangelios, por supuesto, aclaran que la resurrección ocurrió en un domingo. Aun que Apocalipsis 1:10 no es conclusivo en sí mismo, el hecho que se mencione el día en específico es muy significante.

Debemos agregar esta otra nota. Es cierto que algunos cristianos débiles o desinformados tuvieron problema con hacer la diferencia entre la era Mosaica y la cristiana (Rom. 14:1ff; Gal. 4:10-11), pero es importante reconocer que la enseñanza apostólica inspirada buscaba corregir este error.

También, existe el registro de los escritores post-apostólicos. En los primeros tres siglos de la iglesia Cristiana, el testimonio es uniforme que los discípulos originales de Jesucristo adoraban en el domingo – no el sábado. He aquí algunas pruebas del testimonio.

(1) El Didaché o Didajé (120 D.C.) declara que “en el día del Señor” reuníos los cristianos y “partid el pan” (ANF. VII.381).

(2) La epístola de Bernabé (120 D.C.), al hablar de cosas tales come el incienso, lunas nuevas, y días de reposo, dice que el Señor “abolió estas cosas” refiriéndose a “la nueva ley de nuestro Señor Jesucristo” (ANF.I.138). Después se afirma: “Por lo tanto, guardamos el primer día con gozo, el mismo día en que también Jesús se levanto de nuevo de entre los muertos” (I. 147). 

(3) Justino Mártir (140 D.C.) declara que “en el día llamado domingo” los cristianos primitivos se reunían para adorar. Más adelante dice que este fue el día en el cual Cristo había resucitado de los muertos (I.186).

(4) Clemente de Alejandría (194 D.C.) habló de uno que “guardaba el día del Señor” para “glorificar la resurrección del Señor en él mismo”. (ANF.II.545). 

(5) Tertuliano (200 D.C.) argumentaba que la “Antigua ley” había sido consumada; por lo tanto “se demuestra que la observancia del día de reposo había sido temporal” (ANF.III.155). También dijo que “el día de reposo es extraño” a los cristianos, y que ellos compartían juntos en “el día del Señor” (70).

(6) Eusebio (324 D.C.), conocido como el “padre de la historia de la iglesia,” declaró que la observancia del día de reposo no “pertenece a cristianos.” Por otra parte, él aseveraba que los cristianos “celebran el día del Señor… en conmemoración de su resurrección” (26,113). 

(7) El notable historiador Philip Schaff concluye: “La observancia universal y no-contradictoria del domingo en el siglo Segundo puede ser explicada solamente como el hecho que sus raíces vienen de práctica apostólica” 

Finalmente, debemos hacer este comentario. Es incorrecto referirse al domingo como “el día de reposo de los cristianos.”


Consideraciones del día de reposo en el Antiguo testamento

Primero, al considerar los requerimientos del día de reposo en la era antiguo testamentaria, quizá sería de ayuda mencionar que habían muchos otros “días de reposo,” aparte del séptimo día de reposo, que los judíos tenían que guardar. (cf. Lev. 19:3; 26:2).

Por ejemplo había días de reposo extras en conexión con las cinco fiestas sagradas (e.g., la pascua, las primicias, etc. – cf. Lev. 23:7-8; 21; 24-25; 32; 39). Los hebreos de hecho guardaban cincuenta y nueve días de reposo cada año. Además, cada siete años tenían un año sabático (Lev. 25:1-4), y cada cincuenta años era un sabático también (Lev. 25:8-13). La tierra tenía que permanecer sin cultivarse durante estos años, y las deudas tenían que ser perdonadas (Dt. 15.2).

En un lapso de cincuenta años, los hebreos fieles, que hasta cierto grado u otro – dependían de los requerimientos específicos de la ley, guardaban 5,830 días de reposo. Ahora contraste esto con el hecho que el sabatista promedio actual, en el mismo periodo de tiempo, guardando solo el séptimo día de reposo, honra solamente 2,600 días de reposo, y así falla en guardar 3,230 días de reposo del estándar divino.

Segundo, como notamos antes, el día de reposo, como requerimiento religioso, fue restringido a los israelitas. No fue parte de ningún pacto patriarcal (cf. Dt. 5:2-3); más bien, fue una ordenanza dada a conocer en Sinaí (Neh. 9:13-14), la cual sirvió como una “señal” entre Jehová y su pueblo especial (Ezq. 20:12). Por lo tanto, los gentiles nunca han estado obligados a observar el día de reposo.

Tercero, consideremos esta regulación: “No encenderás fuego en ninguna de vuestras moradas en el día de reposo” (Ex. 35:3). Esta es una clara evidencia del hecho que el día de reposo no se hizo para ser un requerimiento universal. El Prof. Rawlinson observa lo siguiente “en un clima como el de Arabia y Palestina el calor artificial no era necesario” (378).

Por ejemplo, Jerusalén está en la misma latitud que Nueva Orleans y Houston. La temperatura promedio al año en estas ciudades norte americanas es de 18.3 (ºC), y raras veces llega a menos de 4 (ºC) (ver Jackson, 11). Solo nos podemos imaginar cómo sería guardar esta ordenanza en Alaska o Siberia.


El día de reposo terminado

Las Escrituras son enfáticas en que el requerimiento de guardar el día de reposo ha sido abolido. La información del Nuevo Testamento nos lleva a la conclusión que la ley de Moisés (con todos sus componentes – incluido el sábado) ha sido abrogado. 
Pablo afirmó que la “ley de los mandamientos” fue abolida “mediante la cruz” (Ef. 2:14-16). De forma similar, “anulando el acta de los decretos” (que contenían cosas tales como días de fiesta, días de reposo, etc.) fueron quitados de en medio, y clavadas a la cruz (Col. 2:14-16).

Sin embargo los sabatistas alegan que del pacto mosaico solo las características ceremoniales (e.g., sacrificios animales) fueron abolidas en la cruz. Que los elementos morales de la ley (e.g., los diez Mandamientos) continúan hasta hoy.
Esta posición es arbitraria, artificial, y no pasará la prueba de las Escrituras. Observe lo siguiente:

(1)Dios prometió hacer un “Nuevo Pacto,” que no sería igual al pacto hecho con Israel cuando salieron de Egipto (Jer. 31:31ff). Cuando ese “Nuevo Pacto” fue dado, se hizo un cambio en las leyes (Heb. 7:12). Ese antiguo pacto fue hecho cuando Israel salió de la esclavitud egipcia y este pacto contenía los diez mandamientos (1 Reyes 8:9,21). Por lo tanto, el decálogo fue quitado cuando el antiguo Pacto fue reemplazado por el nuevo. 

(2) En Romanos 7, el apóstol enseñaba que el cristiano está “muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo” (v.4). El continuó explicando que el hijo de Dios está “libre de la ley” (v.6).
Entonces, exactamente ¿De qué ley se hablaba? ¿Solo de una “ley ceremonial”? No, este no es el caso, pues Pablo sigue diciendo:”…porque tampoco conociera la codicia si la ley no dijera: No codiciarás” (vs. 7; cf. Ex. 20:17).
Claramente, la ley a la cual el cristiano está “muerto,” i.e., o de la cual está “separado”, y de la cual es “libre” incluía los Diez Mandamientos. El cristiano no está bajo obligación de guardar el sábado.

El hecho es, que justo después que Pablo afirmó que la ley estaba “clavada en la cruz,” El declaró que nadie podía “juzgar,” i.e., condenar (cf. Thayer, 361) a un cristiano por no guardar los días de fiesta, días de reposo, etc. (Col. 2:16). Pablo no pudo haber hecho esta aseveración si aun él y los cristianos guardaban el sábado o si aun éste mandamiento estaba en operación.

Nosotros no dudamos que muchos sabatistas son sinceramente genuinos en su profesar de guardar el séptimo día. Pero la sinceridad por sí misma no justifica. La práctica moderna del “guardar-del-sábado” es errónea.


Fuentes/Notas al pie

ANF (1995 Edition), Ante-Nicene Fathers, Alexander Roberts & James Donaldson, Eds. (Peabody, MA: Hendrickson), Ten Volumes.
Eusebuis Pamphilus (1955 Reprint), Ecclesiastical History (Grand Rapids, MI: Baker Book House).
Jackson, Wayne (1986), Background Bible Study (Stockton, CA: “Courier Publications”).
Rawlinson, George (1950 Reprint), “Exodus,” The Pulpit Commentary, Spence & Exell, Eds. (Grand Rapids, MI: Eerdmans), Vol. 1.
Schaff, Philip (1980 Reprint), History of the Christian Church (Grand Rapids, MI: Eerdmans), Vol. I.
Thayer, J.H. (1958), Greek-English Lexicon of the New Testament (Edinburgh: T.&T. Clark).

 La Didaché (Didajé), o Enseñanzas de los Doce Apóstoles, fue escrito entre el año 65 y 80 D.C. y encontrado en 1873 en Macedonia, cerca de Constantinopla.

Un nuevo nombre



Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas, que quiere decir, Pedro” (Juan 1:42).


Fue la primera vez que lo veía. Quizá hasta venía corriendo, porque su hermano insistía en que era muy importante. ¡Cuán extraño debió haber sido para Simón estar frente a la presencia de una persona casi desconocida y que le asignara un nuevo nombre! Lo único que conocía de Él era que, según su hermano Andrés, era el Mesías (que traducido es Cristo).


Aun más extraño fue que ese hombre “casi” extraño le viese a los ojos directamente con una mirada concentrada, intensa, a fondo, que no se conforma con las cosas que aparecen a la superficie, sino que leía lo que estaba en su corazón.


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Dos miradas marcaron la vida de Simón para siempre. La primera, que fue cuando conocía al Mesías por primera vez y era introducido y elevado al privilegio de estar con Él, y la última que le destrozó el corazón en mil pedazos cuando le hubo negado por tres veces (Mateo 22:61). 
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La vida continuaba. Había necesidad de seguir. Los años pasaron, y el tiempo hizo su efecto también en Simón y envejeció. Casi a sus 70 años escribió sus famosas epístolas universales, en las cuales se da a conocer orgullosamente como: Simón Pedro, siervo y apóstol del Señor.
¿Cómo te sentirías si Jesucristo mismo te asignara un nombre? ¿No te sentirías orgulloso de decir; Hola mi nombre es Carlos, o María, o Juan, o Julián, el nombre que me dio Cristo? Me imagino a Simón presentándose a los Judíos como Cefas y a los griegos como Pedro, ambos con el significado de Piedra, porque Cristo se lo había asignado así (Mateo 16:18).


¡Pero, nosotros también tenemos un nombre! Un nombre que se nos fue asignado por el mismo Dios. Isaías profetizó concerniente a este nombre diciendo: “Entonces verán los gentiles tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará” (Isaías 62:2).
Un nombre nuevo, un nombre que la boca de Jehová nombrará. Cuan hermosa promesa. Un nombre nuevo para ti y para mí. No solo a Simón se le asignó un nuevo nombre. También a ti y a mí.
La profecía decía que los gentiles verían la justicia del pueblo de Dios y que por ver la justicia del pueblo de Dios un nuevo nombre sería dado a su pueblo espiritual. El pueblo de Dios no estaría lleno de “Israelitas”, pues era la promesa de un nuevo nombre. Ya no sería el pueblo de Dios llamado “judíos”, todo esto cambiaría.
El nuevo nombre sería asignado al pueblo de Dios por los gentiles, por voluntad de Dios. Y todo esto vino a acontecer en un pueblo gentil, cerca de Israel, como Dios lo había profetizado, llamado: Antioquía. “Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía” (Hechos 11:26).


Una frase muy importante de todo este versículo nos termina de confirmar que este era el nombre del que había hablado Isaías, la frase “se les llamó”. En el idioma original, el griego, la palabra quiere decir: Pronunciar un oráculo, o bendición siendo utilizados por Dios.
He aquí entonces el cumplimiento de la profecía de un nuevo nombre. Dios nos ha asignado un nuevo nombre. Un nombre que es más grande que el de Simón, llamado Pedro o Cefas. Un nombre más grande que el de Saulo, llamado Pablo. Un nombre más grande que cualquier nombre que tú puedas pensar; el nombre de Cristo.
Con toda razón Pedro mencionó este nombre, en las escasas, tres ocasiones que aparece en la Biblia, diciendo: “Si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello” (I Pedro 4:16).
Lucas dice que Pedro padeció por el Nombre (Hechos 5:42), sin lugar a dudas no padeció por el nombre de Pedro, el nombre que le asignó Jesucristo, sino que Pedro padeció por el nombre de Cristiano, que significa: De Cristo.


¿Te sientes afortunado de ser llamado cristiano? Pues lo deberías estar. Ese, mi hermano, mi hermana, es tu NUEVO NOMBRE.

Un Nuevo Año

Un nuevo año ha comenzado. Otro regalo de Dios se nos ha dado. 
Es una oportunidad más de poder dar nuestro todo para obtener lo que más deseamos. 
Todo lo antiguo ha quedado en el pasado, he aquí lo nuevo viene delante de nosotros. 


Es una oportunidad de alcanzar metas ya trazadas en el año que pasó. 
Es nuestra oportunidad de demostrar que somos hijos de Dios. 
Que podemos eforzarnos, ser valientes, y lograr todo lo propuesto 
pues tenemos la ayuda del gran Creador. 



Un nuevo año ha comenzado. Ya lo pasado pasado, vamos hacia adelante. 
Dios nos guardará. Así El lo ha prometido. 
El ayudará a que el deseo de nuestro corazón, que es de acuerdo al Suyo, 
se cumpla en nuestro futuro (Salmos 20:1-4). 


Ahora es hora de levantarnos, forjar nuestro presente, 
batallar contra las dificultades para obtener un mejor mañana, 
que si Dios lo permite, ahí estará.


Dios nos guarde. Dios nos cuide. Dios nos ampare. 
Dios nos guie. Dios nos ayude a poder, con todas nuestras fuerzas, 
encontrar lo que hemos perdido. 
Nos ayude a alcanzar lo que hemos pedido 
y a asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros (Heb. 6:18)


De mi parte, como ya lo dijo Juan, yo también os lo repito: 
"Amado, yo deseo que tu seas prosperado 
en todas las cosas, y que tengas salud, 
así como prospera tu alma" (3 Juan 3).


FELIZ AÑO NUEVO.